Zinedine Madina

Escrito el Jueves, 13 de julio de 2006 a las 8:32 am

Zinedine Madina

Los encierros de este año están siendo muy rápidos y limpios. En lo que llevamos de fiesta no ha habido ni un sólo toro que se haya dado la vuelta y se haya ido claramente a por los mozos. Ayer le tocó el turno a la ganadería Alcurrucén que tan sólo tardaron 2 minutos y 27 segundos en llegar a la plaza.

Como el año pasado, algunas partes del recorrido han sido tratadas con un líquido antideslizante para aumentar la adherencia de mozos y toros al adoquinado. La empresa fabricante del producto ya saca pecho y se cuelga la medalla. Yo no lo tengo tan claro, pero en cualquier caso me alegro de que sea así, aunque algunos amigos echan en falta encierros con más emoción.

Ayer estuve al final de Estafeta donde los toros atropellaban a los mozos, dándoles con los cuernos en la espalda como quien empuja en las rebajas. A Julen Madina le alcanzaron dos morlacos que le acabaron tirando al suelo. Madina ya no es el que era, aunque es normal, el tiempo pasa y las cornadas de los Jandilla de hace un par de años le han restado parte de su poder. Si no fuera así sería realmente ‘divino’ así que es un consuelo pensar que él también se hace mayor. Pero como divino y veterano le sobra clase. Es el Zidane de los encierros. Ayer cuando sintió el aliento de los morlacos en su espalda alargó la mano hacia atrás para medir la distancia al toro. Y cuando se fue al suelo se levantó en menos de un segundo, como si el producto antideslizante tuviera también propiedades elásticas. Con mi máquina de fotos en disparo contínuo Julen tan sólo está un fotograma en el suelo. En el siguiente ya está de pie corriendo de nuevo. Casi ni se vio, no pasó nada.

Ayer César Oroz, humorista gráfico del Diario de Navarra, recibía el Gallico de la Sociedad Gastrómica Napardi. A pesar de su juventud, César tiene más que merecido este galardón. Eso sí, acostumbrado al anonimato y a moverse entre lápices y papeles, se le veía algo incomodo siendo protagonista: el premio, dirigir a la Pamplonesa… Y lo peor, ver los toros en sombra y en el palco, mientras los de su cuadrilla desplegaban una enorme pancarta que decía: “César, opa yo voaze un corra, y con el gallico un caldico” ¡Felicidades César!

Esta tarde me voy a los toros a sol, de juerga. Es probable que la crónica de mañana se retrase un poco…

Comenta si te apetece