Tradición, fusión, percusión

Escrito el Miércoles, 12 de julio de 2006 a las 8:35 am

Estruendo Txiki

Tradición. El diccionario de la RAE en su tercera acepción la define como “doctrina, costumbre, etc., conservada en un pueblo por transmisión de padres a hijos”. A los navarros nos encantan, y convertimos en tradicción aquello que repetimos un par de veces. Así son muchos de los actos de los Sanfermines. Un día, hace ya unos 50 años, un grupo de mozos saltó al recorrido de los toros en su traslado a la plaza, y nacieron los encierros. A comienzos de los 70 una corrida de toros se de San Fermín se retransmitió por Eurovisión y desde entonces los mozos de sol comienzan la tarde de toros cantando el himno televisivo con los brazos en alto. Hace unos 30 años un grupo de mozos salió por la noche a tocar bombos, tambores y platillos y nació el Struendo.

Los organizadores del Struendo, una cuadrilla de amigos, se dieron cuenta de que se hacían mayores y que había que sembrar su tradición entre los más pequeños. Así que desde hace cuatro años se viene celebrando por las mañanas el Struendo Txiki que ya se está consolidando como un hito más dentro de la Fiesta.

A la caída de la tarde me acerque a la salida de las Peñas de la Plaza de Toros. Los mozos salen del coso taurino por la puerta grande con sus txarangas a todo gas, cantando, saltando… Me acerqué a l centro del redondel para encontrarme con los amigos de la Peña Rotxapea y saludar a mi gran amigo Blondie, al que no había visto desde que empezó la Fiesta. Los de la Rotxa como siempre a su pedo, salieron por el patio de caballos (esto en ellos es ya casi también una tradición), comenzando su recorrido por las calles de Pamplona. A la llegada a Plaza del Castillo se produjo el milagro. La tropa rotxapeana se cruzó con un grupo de batucada increíble que se hacen llamar Perfusión. Y la fusión se produjo: la txaranga enmudeció y la Rotxa siguió su recorrido a son de batucada. Impresionante.

El encierro de ayer fue de los buenos: rápido y limpio. Dos minutos y quince segundos tardaron los preciosos Osborne en completar el recorrido. Había tres toros berrrendos preciosos, que parecían dálmatas, y que más de uno debió de confundir con un manso. Por la tarde el torero francés Castella cortó una oreja fruto de una temeraria faena que le costó una cogida. Su cuadrilla paseó el trofeo por la plaza mientras el fue camino de la enfermería.

Y poco más. Hoy cena , mañana comida y toros… Y ahora me voy a almorzar, que aunque sean sólo las nueve ya llevamos unas horitas en pie… y lo que nos queda.

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