Sol y sombras

Escrito el Miércoles, 6 de julio de 2005 a las 7:13 am

Patio de caballos

Un año más aquí estamos en Pamplona, cuando sólo faltan unas horas para que empiece la Fiesta. Los años pasan. Con estos Sanfermines serán ya 13 los que llevo haciendo fotos en estas fechas, y cuatro desde que empecé estas crónicas que vosotros me “obligáis” a hacer reclamándomelas cada mes de julio.

Llevo ya en Pamplona un par de días, aclimantándome, viendo los pequeños y grandes cambios de mi ciudad. Aunque hay cosas que no cambian, y por eso me acerqué enseguida al vallado, al recorrido del encierro. Todos los años lo hago, normalmente al final de Santo Domingo, y enseguida, casi como un ritual o una superstición toco uno de los postes antes de hacer el recorrido del encierro. Muchos años, muchos recuerdos. Algunos trágicos y tristes, y otros divertidos. Paso por la curva de Mercaderes, y me río recordando el año pasado cuando me caí del vallado con Iván tras el impacto brutal de los Mihura. Y sigo por la Estafeta hasta el final, la entrada al callejón. Y recuerdo el sonido de los cencerros de los cabestros, los gritos de la gente cuando ven a un mozo apurado, el de los mozos, el clamor de la entrada a la plaza…

Pamplona goza estos días de una tranquilidad jovial. La gente camina risueña, y en los comercios o en los bancos te atienden de una manera mas cordial. Alguno no lo puede evitar y suelta un “¡Ya falta menos!” para después comentar que verá el chupinazo desde la Plaza del Castillo, que ya no tiene edad para meterse en el mogollón de la Plaza Consistorial.

Ayer (día 5), fue el ya casi tradicional encierro humano de los chicos de Peta, organización para la defensa de los animales que está en contra de las corridas de toros (del encierro no dicen nada, ¿será que no se atreven?). Así que un gentío impresionante se convocó para ver a mas de 700 personas, casi todos extranjeros, ligeritos de ropa. A este paso van a poner este acto en el programa oficial. Por la tarde hubo una novillada de esas que te hacen antitaurino sobre todo por la incompetencia con la espada de los jóvenes matadores.

Este año tenía una obsesión, un anhelo. Correr un encierro, quizás el último, porque ya vamos entrado en edades mayores. Y es que llevo 13 años sin correr, los mismos que llevo viendo los encierros, en primera fila, mirando a través de la ventanita del visor de una cámara de fotos. Pues para la tranquilidad de algunas y algunos, lo de correr “va a ser que no” y tendré que hacer fotos todos los días.

Bueno y no me enrollo más que tendré que plancharme el pañuelo para ir a Chupinazo, que ya sabéis que hoy a las 12 del mediodía, San Fermín estalla.

Gracias a Marcos por regalarme el dominio de Internet (Irene y Marcos, se os va a echar mucho de menos).

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