Relevo generacional

Escrito el domingo, 13 de julio de 2014 a las 12:24 pm

dia12_2014

Pamplona es una fiesta de todos y para todos, pero el tiempo pasa, y así como un torero se corta la coleta, a algunos les llega el día de dejar de hacer algo que llevan haciendo media vida. Los hay que se jubilan de correr en el encierro, como ya lo hizo en su día Julen Madina o Richard Calvo, con quien charlaba esta mañana tras el paso de los de Adolfo Martín. El bueno de Richard aún baja a Santo Domingo para luego subirse a un balcón en Estafeta, para ver pasar la manada.

Los hay también que un día dejaron de llevar a un gigante o a un kiliki, abandonaron la Pamplonesa, hicieron su último baile con los dantzaris, o realizaron su última foto de los encierros. Pero hay cantera.

A San Fermín uno se engancha desde pequeñito, cuando tu madre te despierta para ver el encierro en la tele porque se lo has pedido la noche anterior, o cuando sales a ver a la Comparsa de Gigantes y Cabezudos.

Recuerdo mi primer chupinazo en la calle, tendría 8 o 10 años, y nos acercamos con mis padres hasta la parte de atrás del Ayuntamiento. Eran otros tiempos y no había tanta gente, así que incluso nos asomamos a la Plaza Consistorial desde Santo Domingo, para huir en cuanto explotaron las primeras botellas de champán. El griterío ensordecedor del Chupinazo es una de esas cosas que no se olvida, y que pasa a formar parte de las cosas que hacen que broten lágrimas en tus ojos, cada vez que lo vuelves a escuchar.

El otro día estuve viendo el encierro txiki, que se celebra en la Cuesta de Santo Domingo, y en la que los más peques empiezan a correr delante toricos de cartón. Los corredores son a veces tan chiquiticos que aún van de la mano de sus padres. A mi lado se paró un mocete que apenas levantaba unos palmos del suelo. Llevaba incluso un periódico enrollado en una mano. Se le veía nervioso y contrariado tras su primera carrera, en la que se asustó y corrió tanto que coronó Santo Domingo cuando los toricos aún iban por la mitad de la cuesta. Hablaba con su abuela y su mamá hasta que volvió a armarse de valor golpeó una de sus manos con el periódico y dijo “en la próxima voy a pillar toro”. Y se perdió corriendo Santo Domingo abajo, para el inicio de la siguiente carrera. Su madre y abuela se reían orgullosas, aunque seguro que dentro de unos años lo pasarán mal cuando el mocete se convierta en mozo, y decida correr el encierro de los mayores.

encierro txiki

Yo de momento aún no pienso en jubilarme aunque los años pasan en balde. Uno ya no es ya aquel chaval que se pegaba casi dos días seguidos sin dormir, haciendo fotos mañana, tarde y noche. Llevo 22 años haciendo fotos en San Fermín, así que mi próxima meta es llegar a los 25. A veces pienso en ese día que, por algún motivo, tenga que volver a ver de nuevo un encierro en directo en televisión… pero enseguida pienso en otra cosa. Siempre lo he dicho, yo de mayor quiero ser joven

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