¡Recupérate pronto, Boti!

Como ya os he contado alguna vez me encanta la liturgia de Santo Domingo, todo el ceremonial que se celebra bajo la hornacina de San Fermín antes de cada encierro.

Antes de la llegada del Santo santo cada uno está un poco a lo suyo, leyendo el periódico, o paseando de arriba abajo de la cuesta. Con San Fermín ya en la hornacina los mozos cogen posiciones, siempre en el mismo sitio. Casi podrías pasar lista. Es momento de la charla, de las bromas… Nos reímos con un corredor veterano que se ha quedado con la parte de las esquelas del Diario de Navarra para enrollarlo para el cántico y usarlo como defensa en el encierro. Humor negro. Hay otro corredor que viene directo desde Madrid, conduciendo de noche y parando a 100 km de Pamplona porque se quedaba dormido. Ha llegado justo de tiempo y ha tenido que aparcar en el parking de la Plaza del Castillo, y está preocupado por lo que le puedan cobrar.

Sin embargo este año no estábamos todos. Faltaba Javier Muñoz, «El Boti», corredor de 61 años que sufrió un percance en el primer encierro de este año al ser arrollado por un manso y sufrir múltiples contusiones, incluyendo un traumatismo craneal grave, lesiones de las que se recupera en el hospital. «El Boti», bajito y delgado, con la cabeza afeitada y una leve sonrisa, llegaba siempre a la hornacina a eso de las ocho menos cuarto, de blanco impoluto, y con la camisa bien planchada. Se colocaba bajo la hornacina y mirando a San Fermín besaba reiteradamente una medalla de oro del Santo que lleva en su cuello, mientras se santiguaba una y otra vez. Después de su ritual desaparecía, antes de los cánticos, supongo que para colocarse abajo, entre las primeras filas de corredores.

Casi todos los días conseguía colarse unos segundos delante de los toros en Santo Domingo, casi en la cara oculta de la curva, apenas cuatro o cinco zancadas antes de ceder al ímpetu de los morlacos cuesta arriba. «El pequeñico es el mejor, lo que él hace es increíble» decía el mozo que venía de madrugada de Madrid. El resto de mozos hablaban sobre su estado, en un tono más bajo y serio.

En alguna ocasión «El Boti» habló en alguna entrevista de esa otra familia que son los amigos de la liturgia de Santo Domingo, y está claro que estos días han echado en falta al pequeño gran corredor. Después de 47 años como corredor no sabemos si «El Boti» volverá el año que viene a encomendarse a San Fermín, pero lo que sí le deseamos todos es que se rupere pronto y pueda dejar pronto el hospital. ¡Ánimo Boti!

(La foto de «El Boti» es de 2018, el texto es una versión extendida del que aparece hoy en la última página de la edición impresa de Diario de Navarra, en «La mirada de…»)

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.