El primer año sin Julen

miércoles, 12 de julio de 2017 a las 7:55 am - Sin comentarios -

De estos últimos 25 años si hay un corredor que merezca ser reconocido y recordado tengo claro que para mí sería Julen Madina. Lo recuerdo desde mis primeros años viendo los encierros en la tele, luego en fotos en blanco y negro, casi como un personaje necesario al final de cada encierro, desde el final de la Estafeta hasta la entrada a la Plaza de Toros: los mansos, los cabestros y aquel “calvo del bigote” que decía mi madre.

Julen parecía un semidiós, siempre en con las astas rozándole la espalda, con el riesgo a flor de piel… saliendo siempre indemne. Hasta aquel fatídico 12 de julio de 2004, cuando un toro de Jandilla lo cosió a cornadas. Cinco se llevó el mismo día. Parecía como si Zeus hubiera castigado a Hércules por su osadía. “Un toro no me va a sacar de las calles”, dijo, y al año siguiente volvió al encierro. Es cierto que no volvió a ser el mismo, y que las heridas hicieron mella en su descomunal físico, pero siguió brindándonos grandes carreras. En 2011 dijo adiós a los encierros, y no fue un toro ni la edad lo que le apartó de la Estafeta, si no el nacimiento de su hija. Aquel año le pregunté sobre si iba a poder venir a Pamplona, o ver el encierro de televisión, tras 40 años corriendo. Me contestó que no iba a venir, que iba a poner tierra de por medio, que para él iba a ser muy duro. “Amo a Pamplona y sus Sanfermines. Me han dado mucho de lo que soy, me han forjado como persona. No sé que voy a hacer sin mis encierros” dijo en una entrevista en Diario de Navarra.

Julen amó a Pamplona y a los encierros con toda su alma, y quizás no fue del todo correspondido, o al menos no por todos. Para algunos era muy difícil asumir que uno de los mejores corredores de los encierros de Pamplona fuera de Hernani. Madina fue inmortalizado en la primera versión del impresionante monumento de bronce dedicado al encierro situado en la calle Roncesvalles de Pamplona, pero fue “decapitado” y modificado antes de que la estatua se inaugurara.

Después de su retirada Julen volvió a Pamplona, ejerciendo de comentarista y montando un negocio en torno a unas visitas guiadas a los encierros. El año pasado me lo encontré, subiendo la Cuesta de Santo Domingo tras el encierro txiki. Se le veía muy en forma, como siempre, así que no pude evitar preguntarle si no se iba a animar a correr. Me contestó rápido, sonriendo “no, no”, para luego decir “bueno, a lo mejor mañana, estoy pensando, no sé…” y se fue calle arriba.

En agosto del año pasado un golpe de mar acabó con la vida de Julen en la Playa de la Zurriola. El hombre que sobrevivió a centenares de encierros, a cinco cornadas de un Jandilla… a golpes y caídas, moría víctima de una ola que le lanzó contra el fondo. Un poquito de la historia reciente de los Sanfermines y un mucho de la de los encierro se fueron aquel día.

Hoy se le rinde homenaje en Pamplona, coincidiendo con el aniversario de sus cornadas con los de Jandilla. Se te echa de menos, Julen.

Agur Jaunak!

Nota: rescato de mi archivo esta foto de Julen con Juan José Padilla y Adolfo Suárez Illana en 2008

Expulsado de Pamplona

martes, 11 de julio de 2017 a las 7:54 am - Sin comentarios -

El comentario generalizado estos días en Pamplona es que hay menos gente. Algunos hoteles ya avisaron que tenían plazas disponibles, sobre todo una vez pasado el fin de semana. Creo que el tiempo inestable no ha ayudado, aunque en Pamplona apenas ha llovido estos días. Otra causa podría ser el miedo a los atentados yihadistas. De hecho el casco antiguo de Pamplona está prácticamente sellado, con barreras de hormigón cerrando prácticamente todos los accesos. Sin datos oficiales el tema me preocupa poco, sobre todo si no vienen algunas personas.

Ayer fue expulsado de Pamplona un ciudadano argelino, que ha sido condenado además a pagar una multa y a no volver a Pamplona en los próximos 16 meses. El sujeto no tuvo otra ocurrencia que simular un atentado yihadista en plenos fuegos artificiales, justo en uno de los puntos que registran más aglomeración de gente, la calle Yanguas y Miranda. El condenado arrojó una mochila al suelo al tiempo que levantaba la mano portando un objeto, profiriendo gritos en árabe con intención de provocar el pánico en una zona que reune a miles de personas cada noche.

No recuerdo que nadie haya sido expulsado de la ciudad y condenado a no volver a pisarla en tanto tiempo pero me parece una medida que quizás habría que extender a otros comportamientos. Sería el caso de los carteristas, que como cada año vienen a Pamplona a hacer el agosto en julio, y que en el improbable caso de ser trincados, salen a la calle antes que los policías terminen sus informes.

También sobran los guiris que vienen a Pamplona sin saber a qué ni a dónde, y piensan que están en un territorio válido para cualquier comportamiento incívico. Un grupo importante de ellos fue expulsado ayer tarde de los toros, por tirar todo tipo de objetos desde andanada hacia los tendidos. Las peñas de abajo se hartaron, y empezaron a increparles. Intervino la seguridad de la Plaza de Toros y se los llevó fuera.

Tampoco queremos por aquí a los busca broncas y ni mucho menos a los que quieran aprovechar estas fiestas y los excesos para cometer agresiones sexuales. Creo que este año se están produciendo muchas menos, y que se han reducido a algunos casos aislados de algún imbécil que se ha propasado (no quiero quitarles importancia, ni trivializarlos). Respecto a las agresiones sexuales: estoy orgulloso de que en mi ciudad este tipo de comportamientos se denuncien y se persigan. Nosotros hemos optado por hablar de ello para erradicarlo. Algunos pensarán que lo que pasa en Pamplona es horrible. Desgraciadamente cosas iguales o peores pasan en todas las fiestas del mundo, pero no se denuncian o persiguen tanto como aquí.

Veremos cómo termina la Fiesta, que ya hemos pasado el ecuador y esto va ya cuesta abajo.

La liturgia de Santo Domingo

lunes, 10 de julio de 2017 a las 7:51 am - Sin comentarios -

Trabajar como fotógrafo en San Fermín te da la oportunidad de vivir la Fiesta a pie de calle, y de poder ser testigo privilegiado de muchas escenas y momentos que pasan desapercibidos para el público general.

Uno de los lugares más especiales para mí es la Cuesta de Santo Domingo, justo en los alrededores de la hornacina de San Fermín donde los mozos entonan su plegaria cantada pidiendo la protección del santo patrón. Una vez colocadas las cámaras en el balcón que tenemos en ese tramo me bajo a la calle y me coloco bajo la hornacina, vacía, a las 7 de la mañana.

En ese tramo se concentran la mayoría de corredores habituales del encierro. La espera se hace larga. Al principio se mata el tiempo ojeando el periódico del día, mirando las fotos del encierro del día anterior, y el pelaje y características de los toros del encierro del día. Conversaciones distendidas, recordando pasados lances en carreras anteriores, de este año, de hace lustros, o incluso de fuera de Pamplona.

Hasta las siete y cuarto no llega el Santo. Cuando llega muchos quieren tocarlo, antes de que ocupe su lugar en la hornacina empotrada en el muro derecho de Santo Domingo. Junto al Santo ponen, unos claveles rojos y dos candelabros, seis velas, que ayer era imposible encender con el vientecillo persistente que soplaba. Debajo un tablón con los pañuelos de las Peñas de Pamplona. El viento hace caer una de las velas, y como ya se han llevado la escalera un mozo es izado por otros para que la ponga en su sitio.

Según avanza la mañana, empieza a soplar otro vientecillo. Es el miedo, la tensión. Los corredores se santiguan, rezan, miran al Santo con la mirada perdida. Se abren paso entre sus compañeros “sólo quiero tocar al Santo”, pero en realidad tocan la pared o el tablón con los pañuelos a lo sumo. Desde su hornacina San Fermín parece lejano e inalcanzable. Los corredores se saludan más con el tacto que con la voz. Se abrazan, chocan sus manos, se dan palmadas en la espalda. Son siempre los mismos. Casi puedes pasar lista, y alguno echa en falta al alguien, que finalmente llega. “Casi no puedo pasar”.

Siguen las conversaciones. Un corredor advierte que hoy van a soltar a todos los mansos a la vez y que no va a haber mansos de cola. Que anoche hubo un toro que se quedó atrás en el Encierrillo y que hubo que soltar a los mansos de cola para llevarlo con sus hermanos. Varios comentan que con una ganadería debutante en Pamplona eso puede ser un problema: “si se queda alguno rezagado a ver quién lo sube”. Otro corredor, de los pocos que baja un poco al encuentro de los toros le preocupa la gente que se queda: “con 4 mansos más a ver dónde me meto”.

El tiempo avanza muy despacio, se hace eterno. Algunos miran el reloj una y otra vez. Comentan sobre dónde colocarse, o dónde empezar “quédate mejor hasta el segundo cántico, y subes tranquilo hasta la Plaza del Ayuntamiento, ahí empiezas a correr hasta que te lleguen” aconseja un corredor joven a otro veterano que andaba inseguro. Y aún faltan siglos para el primer cántico.

Los tres cánticos al Santo se producen a las ocho menos cinco, a las ocho menos tres y a las 8 menos un minuto. Llegan las 8 menos siete minutos, y se hace un silencio sepulcral. Se intensifican los rezos, y no se oye nada. El miedo y la emoción rozan a los corredores, como el viento, y me ponen la piel de gallina como a ellos. Son las 7:55, se oye un “¡venga, va!” y acto seguido el primero cántico “a San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición…”. Cuando termina, la mitad de los corredores se van hacia arriba, para ocupar el lugar elegido para empezar su carrera. Aprovecho y me sumo a la ola humana para ir hacia el portal que da acceso al balcón. Un poco de atasco la principio, luego fluído.

Mientras subo las escaleras suena el segundo cántico… Preparo las cámaras reviso todo, y hago fotos del tercer cántico ya desde el balcón. Apenas 40 corredores quedan bajo la hornacina.

Las ocho de la mañana. Suena el primer cohete. Salen los toros y suben en una manada compacta, avanzando como autobús a toda velocidad. Nueve mansos y seis toros, ocupando casi todo el ancho de la calzada… El décimo manso unos pasos por detrás… y los pierdo de vista. Los toros de Puerto de San Lorenzo hicieron una rápida carrera sin incidentes, terminando el recorrido en dos minutos y 22 segundos.

La maldita puntería de ‘Punterito’

sábado, 8 de julio de 2017 a las 7:48 am - Sin comentarios -

Primer encierro ayer en Pamplona, y los de Cebada Gago, fieles a su tradición, se fueron a los corrales de la Plaza de Toros sumando tres cornadas a su palmarés. Treinta años han corrido los toros de la ganadería gaditana acumulando 56 cornadas, ahí es nada.

Bien es cierto que todo el peligro lo ocasionó sólo uno de los morlacos, el número 80, de nombre Punterito, que al parecer tenía la misión clara de mantener el peligroso palmarés de la ganadería en Pamplona. Primero atropelló al estadounidense A. Philipe dándole un puntazo en el escroto al final de la Cuesta de Santo Domingo. Después propinó una terrible sobrecogedora embestida en el pecho a otro estadounidense, Ewan Henschel, metiéndole 10 cm de su cuerno derecho en la cavidad torácica. Finalmente cogió al tafallés Francisco Javier Aullo, un corredor habitual, que se llevó una cornada con tres trayectorias en el muslo derecho. El bueno de Aullo lamentaba perderse el resto de encierros de este año. Además de estas cogidas Punterito iba creando peligro a cada paso, pero hasta ahí llego su hoja de servicios.

Por la mañana fue la procesión del santo en su día grande. Este año me la perdí. Me tocó ir al Frontón Labrit, al homenaje al pelotari recientemente retirado Aitor Zubieta, y a la final del Cuatro y Medio. El ambiente en el Labrit era sólo comparable a su temperatura, una auténtica sauna. Partidazo, público entregado, puro espectáculo. El duelo entre Aimar Olaizola y Jokin Altuna se decantó por el lado del primero. No sé la de litros de bebidas que pudieron ingerir ambos pelotaris que acabaron agotados tras un vibrante partido. Altuna apretó de lo lindo al principio, y pudo haber ganado de no ser por la tremenda fortaleza y técnica de Olaizola. Ganó el de rojo.

Después me encontré con “la chica de la portada”, la pamplonesa que fotografié en el Chupinazo el día 6 de julio y cuya foto se convirtió en la portada de la edición impresa del 7 de julio. Estaba muy contenta.

Y poco más. Pamplona está un poco vacía, y eso que estamos ya en fin de semana. Parece que este año ha venido menos gente. Quizás sea el tiempo, aunque en Pamplona, de momento, apenas ha llovido.
Sólo me he tomado una cerveza, y aún no he salido. Me estoy haciendo mayor…
Nota: iré publicando mis fotos en mi cuenta de Flickr

El Chupinazo de la DYA

viernes, 7 de julio de 2017 a las 7:45 am - Sin comentarios -

El Chupinazo de 2017 fue lanzado por Paula Remírez y María Calado, miembros de DYA, una asociación que cumple este año su 40 aniversario. Bajo el lema Detente y ayuda esta asociación “presta ayuda y auxilio a todas aquellas personas que se encontrasen en situación de riesgo o tuvieran necesidad de auxilio”, así que más que merecido este honor para esta entidad tan arraigada en Navarra.

Es de agradecer que la actual Corporación del Ayuntamiento de Pamplona diera la opción a diferentes asociaciones, entidades y personas a que opten al privilegio de lanzar el cohete anunciador de las fiestas, que se decide por votación popular. La DYA fue este año la elegida, y también sus socios eligieron entre sus miembros a estas dos voluntarias para lanzar el Chupinazo.

El Chupinazo habría sido perfecto de no ser por el eterno asunto de las banderas. A falta de apenas 15 minutos para el inicio de la fiesta, la ikurriña (la bandera de Euskadi) fue izada en un mástil, junto digamos a las “oficiales”: la bandera de Pamplona, la de Navarra, la española y la europea. Entiendo que para algunos navarros y pamploneses esa bandera les puede representar, pero para la mayoría entre los cuales mi incluyo, no. Y mucho menos así, como a hurtadillas, para la foto. Pero bueno, la Fiesta sigue, a pesar de todo.
Parecía haber mucha menos gente que otros años, sobre todo en la Plaza Consistorial. En la Plaza del Castillo, donde yo estuve haciendo fotos, había llenazo, pero sin los agobios de otros años. Tras el Chupinazo lo clásico: bandas de gaiteros recorriendo el casco antiguo, almuerzos no tan improvisados en la calle, y los mozos pidiendo agua que caía a cubos desde los balcones.

Por la tarde, el enésimo intento de recuperar el Riau-Riau a cargo de la peña Mutilzarra y con la presencia de La Pamplonesa (la banda municipal) pero sin la presencia de ningún miembro de la Corporación Municipal.

A media tarde corrida de rejones, que me tocó en suerte, en una tarde calurosa que empezó con algunas gotas. En mi memoria estaba una corrida de rejones de hace 3 años en la que me mojé hasta el alma. Ayer hubo suerte y solo fueron 4 gotas. En el festejo festival de orejas, aquello parecía una tómbola. Se regalaron varias, sobre todo a uno de los rejoneadores locales. Aunque bueno, si el público las pide… Salieron por la Puerta Grande Roberto Armendáriz (4 orejas) y Leonardo Hernández (2 orejas). Así que para trabajar fue una corrida complicada, ya que además de las salida a hombros, las orejas y el riesgo de lluvia, saltaron al ruedo dos anti-taurinos. Ni un minuto de respiro.

Tuve suerte con las fotos y al final he empezado las fiestas con póker en la edición impresa del Diario de Navarra: portada, contra portada, portada del cuadernillo de San Fermín, foto en centrales… además del reportaje de la corrida.
A ver cómo avanza la Fiesta.