Mercaderes, Miura, Matrix

Escrito el Domingo, 11 de julio de 2004 a las 9:47 am

Mercaderes, los Miura

A estas alturas supongo que tenéis bastante situada la curva de las calles Mercaderes y Estafeta, que es donde los toros se suelen caer como fruto de la inercia. Hoy pasaron por ahí los Miura, esos toros tan bonitos y enormes. Cinco de ellos entraron juntos golpeando con fuerza el vallado.

Si esto fuera una retransmisión del Campeonato del Mundo de Fórmula 1, y mis ciencias hubieran sido puras y no mixtas, os diría que la fuerza G que tiene que soportar… Pero mejor tiro de matemática parda: 5 miuras, a más menos 550 kilos, nos da un total de 2.750 kilos. Pues hoy he visto esos casi tres mil kilos impactando contra el vallado doble de la curva de Mercaderes justo debajo de mí y ha sido alucinante. Fue como Matrix, cuando el helicóptero se estrella contra el edificio. Toda la curva tembló, y puede que media Pamplona. A partir de ese momento la imagen se ralentizó. Giré la cabeza y vi como Iván, que estaba a mi lado haciendo fotos, caía desde la parte de arriba donde nos ponemos, de espaldas y agitando los brazos. Y no se si Iván me agarró o yo a él, pero el caso es que acabé también en el suelo, aunque caí de pie. Al bueno de mi amigo tan sólo le ha quedado un dolorcillo en el glúteo, pero el susto y el recuerdo del impacto de los morlacos han sido impresionantes. Y todos los fotógrafos con los que me he cruzado me han preguntado que cómo estaba, que nos han visto en la tele… Batallitas para contar a los nietos.

El sábado como os dije estuve en los toros, en la corrida de la tarde, y en Sol, por supuesto. Fui con Marcos e Irene. La cosa tiene su ritual: ponerse de blanco inmaculado para salir de varios colores con predominante rosa sangría, llevar un cubo con bebida, vasos, hielo, la merienda, una toalla, un gorro… En fin nada que ver con ir al cine y comprar palomitas. Beber, bebimos mojito. Comer, comimos unas albóndigas que me hizo mi madre. Y divertirnos, un rato largo.

Por cierto que un día dedicaré unas líneas a mi madre, y a todas las madres de Pamplona, sin las cuales los Sanfermines de las mitades de los mozos no serían posibles. Y el próximo anuncio de Colón nada de que se te acerque un tio y te tire un café para luego demostrar que la ropa vuelve a quedar blanca. Que venga a Sol, y se quede de pie en el pasillo, o que diga que es su cumpleaños. Lo más probable es que reciba dos o tres litros de sangría, y otros bebestibles. Y que luego todo vuelva a ser como antes. Mi madre no sé que detergente usa, pero mi pantalón vuelve a estar, de nuevo, milagrosamente blanco.

En un par de horas os mando la crónica de ayer, del que fue el encierro más terrible que he visto en mi vida.

Comenta si te apetece