Illa, illa, illa… una tarde de maravilla

Escrito el Lunes, 14 de julio de 2008 a las 9:36 am

encierro miura

El encierro de los Miuras de fue precioso. En la curva de Mercaderes asomaron la cabeza por encima del vallado, dando un buen susto a mis compañeros que estaban haciendo fotos. Un mozo con pinta de novato y con no demasiada buena forma física, se vio rodeado por la manada en ese mismo punto. Hubo unas fotos preciosas de este corredor, con los Miura resoplando en su espalda, y la imagen de San Fermin pintada en la la tabla que protege el escaparate de la tienda justo detrás.

Yo estuve en ya en el Callejón, y los vi como casi siempre, deslizándose por empedrado a pesar de su altura y su enorme peso ¡Qué bonitos! Corrió el encierro el diestro Juan José Padilla, que es muy querido en Pamplona, acompañado por Adolfo Suárez Illana (hijo del que fuera primer presidente de nuestra reciente democracia)

Por la tarde me fui a los toros, como todos los años, a la siempre divertida Rotxapea. Nos juntamos Blondie, Tuca, Iván, Ignacio y un servidor. Nos llevamos las ya míticas albóndigas de mi madre, otro tupper con manicas de cerdo, 5 litros de Sunny con vodka (¡cómo entra!), y otros 5 de mojito ¡Y qué tarde!

Padilla ya salió al paseillo dando botes desde el patio de caballos, muy motivado. Y el público, sobre todo la zona de Sol, le estaba esperando. La Plaza parecía que iba a reventar cuando en su primero puso unas banderillas haciendo el violín. Una faena muy tremendista y un Padilla que parecía enloquecer al escuchar a toda la Plaza corear el “Illa, illa, illa, Padilla maravilla”. Cortó una oreja en cada uno de su lote, y dio dos vueltas al ruedo inenarrables. El momento culmen fue cuando el diestro cogió una bota arrojada desde el público, alargó el brazo, y se dio un trago de más de 20 segundos jaleado por toda la Plaza. Rafaelillo también estuvo bien con sus toros y también se llevó una oreja de cada uno, así que vimos a dos toreros saliendo por la Puerta Grande. Qué bonitos se veían los Miura desde la andanada, con esos impresionantes cuernos. Como decía Iosu “entre cuerno y cuerno hay una hipoteca”.

La merienda espectacular. Mis amigos también pidieron las orejas y vuelta al ruedo para mi madre por sus albóndigas, que a este paso se van a hacer mundialmente famosas. Nos comimos incluso las manicas que había traído Iván, y casi de todo lo que nos iban ofreciendo los de la Rotxa: ay las paticas qué ricas, qué buenas las cortezas, impresionante la trenza, rico el Tiramisú…

Y salimos por la puerta grande, aunque tuvimos que remontar para recuperar el contacto con la pancarta de la Rotxapea (salían de los primeros y nos costó un poco llegar hasta la arena).

En fin, que la de ayer fue una tarde maravillosa, y no sólo por la comida, la bebida y los toros… si no por la compañía de mis amigos. Así que Tuca… Rubio… Iván… Ignacio… ¡os quiero un Miura!

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