Gigantes de carne y hueso

Escrito el Jueves, 9 de julio de 2009 a las 8:59 am

ofrenda infantil a San Fermín
Ayer fue el día de los Txikis, con la tradicional ofrenda floral al Santo. Como siempre miles de niños, abuelos, madres y padres, estos últimos más emocionados que los propios chuquillos, en el momento de acercarse a San Fermín a besarle el manto, la mano, e incluso la cara.

Después los txikis disfrutaron como todos los días de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, que hizo un recorrido larguísimo por toda la ciudad. La Comparsa, los actuales gigantes, kilikis, zaldikos y cabezudos, son de 1860, por lo que el año que viene cumplirán su 150 aniversario, aunque las primeras noticias de estos simpáticos personajes datan de 1607.

En Pamplona los Gigantes y Cabezudos son un poco como los Reyes Magos de la Navidad, un rito iniciático. Los niños los temen, hasta que llegan a comprender que debajo de esa enorme cabeza con cara de mala leche hay un señor normal, y que también hay un fornido pamplonés debajo de los impresionantes gigantes de casi 4 metros. Es bastante habitual que los niños de Pamplona se quiten el chupete regalándoselo al gigante, por lo que al final de las fiestas los gigantes llevan centenares de ellos colgando. Son una de la partes más importantes de la fiesta, y los preferidos de los niños, para los que los gigantes y cabezudos serán el primer recuerdo que tengan de San Fermín.

zaldiko

Pero nada serían estos personajes sin las personas que los llevan, los miembros de la Comparsa, que tienen una entrega absoluta hacia los más pequeños, dejándose la espalda, por divertirles y asustarles un poco. Ayer ví como uno de los que llevan el Caravinagre (el kiliki más popular) tuvo que hacer una parada de urgencia porque le dio un tirón en la espalda. El hall de un hotel sirvió de improvisado vestuario: cambio por otro miembro de la comparsa, y el Caravinagre que salío con más brío, mientras su “antiguo cuerpo” trataba de estirar la espalda y tomaba medicinas contra el dolor. Todo un espectáculo verles correr detrás de los niños, pararse a hacerse miles de fotos, o bailar con un gigante sobre sus espaldas. Y es que los verdaderos gigantes son de carne y hueso, escondidos tras el cartón piedra.

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