En la Cuesta de Santo Domingo

Escrito el Martes, 13 de julio de 2010 a las 3:51 pm


Esta mañana he ido a hacer fotos a la Cuesta de Santo Domingo, el primer tramo del encierro de Pamplona. Es una calle muy empinada, y sin apenas refugio para los corredores, por lo que las fotos de este tramo se suelen hacer desde algún balcón. Aún así es indispensable bajarse hasta la hornacina del Santo, para escuchar al menos el primer cántico a eso de las 7:55. El segundo cántico es a las 7:57 y el último a las 7:59.

El cántico es mundialmente conocido. Hoy charlaba con Aurelio, un mexicano de unos 50 años, que estaba muy emocionado de encontrarse en Pamplona y poder cantar y rezar bajo la hornacina de San Fermín. Hasta esa hora los corredores matan el tiempo como pueden: haciendo estiramientos, rezando al santo, leyendo el periódico, saludando a los amigos… Las miradas al Santo tienen una intensidad especial, los ojos brillan, y los músculos se tensan.

Y tras el último cántico, a las 8 en punto, un cohete sube al cielo… y comienza el encierro. Y San Fermín extiende su manto por todo el recorrido.

Por cierto que llevamos un año teniendo los encierros más rápidos de la historia. Me comentaba esta mañana Ignacio Murillo (el tío que más sabe del esto de Pamplona) que los dos últimos encierros estarían en el top 10 de los más rápidos de la historia. El resultado es evidente, apenas 5 cogidos en lo que llevamos de Fiesta.

Mañana es el último encierro, esperamos que San Fermín no esté distraído.

2 comentaron - “En la Cuesta de Santo Domingo” -

  1. Raúl Hernández González:

    Cuando estuve de visita en Pamplona, hace un par de veranos, no pudimos por menos que hacer el famoso recorrido del encierro. Y francamente, me quedé alucinado con la cuesta de Santo Domingo. Cuando uno lo ve por la tele, no se hace idea de la inclinación; sólo imaginar a los corredores subiendo esa cuesta, perseguidos por los toros… si ya correr un encierro me parece que tiene un mérito tremendo, hacerlo en ese tramo me parece increíble.

  2. ÁNGEL LUIS:

    Debuté en Pamplona corriendo en Santo Domingo, y no hay sensación en el mundo que se pueda igualar a lo que se siente en ese tramo.La angostura de la calle,el lento y pesado transcurrir del tiempo entre cántico y cántico a la espera de los sones del reloj del Ayuntamiento dando las ocho, la liberadora detonación del primer cohete y la certeza de la cercanía de la manada con el segundo cohetazo. El piso retumbando, los gritos, los golpes, las caídas, el olor de los animales, el sonido de sus pezuñas y el olor de su desgaste. Las atronadoras zumbas de los cabestros acercándose, y el corazón queriendo salirse del pecho para irse por su cuenta cuesta arriba hacia la plaza consistorial. La tensión de los momentos previos se libera con la electricidad del esfuerzo muscular, y cuando pasa la manada y te sientes entero y a salvo, no puedes evitar dibujar una sonrisa en tu rostro, y te quedas como sonado, intentando asimilar todo los que has vivido en esos eternos segundos que revivirás en tu mente cada día del resto de vida.

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