El primero y los secundarios

Escrito el Jueves, 14 de julio de 2016 a las 1:22 pm

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Ayer mientras esperaba al encierro, y justo después de que dejara de llover, me encontré con Chapu Apaolaza, periodista y corredor del encierro. Recientemente Chapu publicó el libro “7 de julio” sobre San Fermín y los encierros. Junto a Chapu se encontraba su amigo Juan Ramón Lucas, también periodista, al que supongo que conoceréis por sus programas de radio y televisión.

Juan Ramón Lucas, envenenado por el libro de Chapu, decidió que el 13 de julio era un buen día para correr su primer encierro, y el bueno de Chapu que lleva 24 años corriendo fue su perfecto guía. Charlé un rato con ellos. Hablamos del miedo, de ese miedo que te atrapa y te angustia en los momentos previos al encierro y que te hacen pensar en abandonar. Chapu comentaba que es normal, y que todo se disipa cuando se oye el estallido del primer cohete. Ahí ya no hay vuelta atrás. Se produce como una liberación y ya sólo hay que preocuparse por no ser corneado y no caerse. Juan Ramón se debatía en esa duda y miedo de ida y vuelta, al que había que unir que era una experiencia totalmente nueva para él. Lo que más le acojonaba era la estrechez de Santo Domingo. “No me esperaba esto, esto es un tunel” decía, y su obsesión era saber donde estaba el primer tramo de vallado donde poder encontrar refugio. Chapu le decía que no, que se olvidara de eso, que era información que le iba a distraer de lo importante, de correr y mirar. Allí los dejé en sus cavilaciones, camino de la hornacina, para hacer fotos del primer cántico de los mozos. La verdad es que dudé si el bueno de Juan Ramón iba a aguantar dentro del recorrido, y pensé que lo más probable es que saltara el vallado antes de que llegaran las ocho. Pero no, Juan Ramón corrió su primer encierro, y aunque acabó refugiándose en el primer vallado disponible pasó la prueba con nota. Al terminar el encierro estaba muy contento, y con la adrelina a tope, tratando aún de asimilar esa experiencia. Y es que el primero será el que nunca olvides.

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Reflexionaba luego sobre los segundos, sobre los secundarios más bien. Me refiero a los actores secundarios de esta fiesta. A tipos como Chapu que aman tanto el encierro que enseñan a sus amigos a correr, o tantos otros que dedican sus esfuerzos a pequeñas cuestiones de la Fiesta que son indispensables, aunque pasan desapercibidos. Hablo de personas como las que cuelgan cada día la figura de San Fermín en la hornacina de Santo Domingo, o los que hacen la merienda del Patio de Caballos de la Plaza de Toros, o los voluntarios de Cruz Roja, o los que llevan sobre sus hombros a la Comparsa de Gigantes y Cabezudos. Todos sabemos los nombres y casi los apellidos de los gigantes, pero pocas veces recordamos que debajo hay un tipo que se mete una paliza brutal para hacer bailar a la Braulia, la reina africana, como si fuera de carne y hueso. Y como estos hay muchos. Los que organizan el Struendo, los del encierro Txiki… e incluso tipos como Pablo, el mejor camarero del mundo, capaz de atender el solito a toda la “terraza” de La Raspa. O los cabestros, que también tienen nombre como los toros, pero nadie los conoce. Todos ellos forman San Fermín, la Fiesta más grande del mundo.

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