El ensañamiento de ‘Olivito’

Escrito el martes, 15 de julio de 2014 a las 11:35 am

Encierro dia 14 de 2014

Ayer fue el últimó encierro de los sanfermines, que pasará a la historia por la violencia con la que uno de los Miuras, “Olivito” se ensañó con varios mozos. Cada vez que lo recuerdo se me hace un nudo en el estómago.

La mañana amaneció lluviosa, un persistente txirimiri, que desapareció repentinamente para dejarnos ver un cielo despejado e incluso la luna. Ayer me tocaba hacer fotos en la curva de Mercaderes. En el sorteo de puestos, Kimmich eligió las cartas de trébol y a mí me tocó la dama, así que podía elegir en segundo lugar, así que todo parecía ir bien. Comentábamos como siempre el peligro de los Miura en la curva, recordando años en los que incluso han asomado la cabeza por encima del vallado (los toros de la ganadería sevillana son enormes). Colocamos lás cámaras en el suelo con los remotos y nos subimos al vallado, pensando en que el último encierro sería rápido y sin más historias. No fue así.

La miurada llegó compacta a la curva de Mercaderes, pero uno de los mansos resbaló e hizo que también “Olivito”, un precioso toro salinero de 595 kilos se fuera al suelo, quedando tirado justo al final de la curva. El toro tardó un poco en levantarse, lo suficiente para perder el tren formado por sus compañeros y los mansos que se perdieron rápido por Estafeta. Cuando se levantó se fue hacia la parte derecha del recorrido donde había gente haciendo la estatua contra la pared. Se arrancó hacia dos mozos, uno de ellos se quedó petrificado mirando lo que se le venía encima abriendo las manos como queriendo parar al morlaco. Sin embargo “Olivito” se giró a la derecha y se encontró Jason Gilbert, un australiano que llegó corriendo por detrás de la manada, y se encontró con el toro vuelto. Y empezó el recital de cornadas. El de miura embestía con una fuerza increíble, levantando la cabeza, buscando. En su segundo embite le clavó el asta en el muslo al australiano, y al levantarlo se lo rasgó, al tiempo que rompía un tablón que protegía un escaparate como si fuera papel de fumar. Tras ese primer asalto de cornadas, Gilbert consiguió levantarse y salir corriendo en dirección a Mercaderes, con su muslo dañado y una cara de terror de las que no se olvidan.

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Pero el toro se fue tras el, como si fuera algo personal, como si no hubiera otro corredor. El australiano se frenó para buscar refugio en el vallado, y el miura resbaló para venirse de nuevo a por él, corneándole de nuevo contra el vallado, rompiéndole la camiseta y el pantalón, y dejándole otras dos heridas una el tórax y otra en el abdomen.

Encierro 14 de julio 2014

Casi desnudo, con tres cornadas, el muslo en carne viva, y cara de pánico el autraliano fue rescatado entre el vallado por un munipa y un mozo.

Encierro 14 de julio 2014

El bicho aún se fue contra el vallado un poco más atrás, y llegando a incluso a levantarlo, como si quisiera desmontarlo. Finalmente se fue de nuevo hacia Estafeta, aunque llegando al número 14 embistió de nuevo al burladés Eñaut Górriz que estaba refugiado subido en la valla de una tienda, y al que corneó tres veces, zarandeándolo como si fuera una piñata. El mozo salió corriendo tras su encuentro con “Olivito” en contra dirección, de nuevo hacia la curva, pero esta vez se ve que el morlaco consideró que tres cornadas era el cupo del día, y no se fue a por él.

Nunca se había visto en Pamplona, o al menos yo no lo recuerdo, una escena como la protagonizada por “Olivito” con el australiano. Nunca se olvidará esa manía persecutoria del morlaco, las caras de miedo de Jason Gilbert, y cómo corría con su muslo en carne viva.

Por cierto y como curiosidad, ayer hubo un tercer corneado, otro australiano, que se dió cuenta de que llevaba un puntazo en el muslo, horas después de que terminara la carrera ¡Ays!

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