El encierro del 13 de julio de 2013

Escrito el Domingo, 14 de julio de 2013 a las 2:05 pm

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Los encierros de este año estaban siendo muy tranquilos, tanto que parecía que el capotico de San Fermín se extendía por todo el recorrido, impidiendo que los toros hicieran daños a los corredores. Muchos sustos y poco más. Sin embargo el pasado viernes las cosas cambiaron. Los toros de El Pilar dejaron un saldo de tres heridos por asta de toro en el encierro más largo y peligroso de lo que se llevaba de fiestas.

Y llegó el 13 de julio, trece del 2013 para los supersticiosos, con un encierro que se iba a convertir en el más trágico de los últimos 25 años. El último gran montón que se recordaba fue el de 1977 que acabó con la vida del joven Jose Joaquín Esparza. Tras aquel suceso se modificó la bajada al callejón colocando cuatro gateras en el tunel que da acceso al ruedo.

Ayer todo parecía ir bien, aunque se notaba el exceso de gente en el recorrido. Iba a decir corredores, pero luego son muy pocos los que realmente corren delante de los toros. Demasiada gente que sólo quiere entrar gratis a la plaza, ver el encierro pegados a la pared a lo Don Tancredo, o corren detrás de la manada. En muchos casos no saben muy bien a qué es enfrentan. Los Fuente Ymbro iban dando sustos en una carrera rápida, pero la tragedia comenzaba a fraguarse casi al mismo tiempo que los toros empezaban a subir la cuesta de Santo Domingo. Quizás nuestro querido San Fermín se despistó con su capotico ayudando a los que corrían delante del toro, y no pudo mirar a lo que pasaba en la entrada a la Plaza de Toros.

En la entrada a la Plaza uno de los carpinteros del encierro esperaba la llegada de un grupo de Policías Forales que controla a los corredores que llegan a las puertas del coso apenas segundos después del que explote el primer cohete. El exceso de gente hizo que el carpintero no pudiera cerrar la puerta, que se colara mucha gente por ahí, y que la puerta quedara abierta del todo, dejando el acceso al ruedo reducido a la mitad. Se produjo entonces un enorme montón al que cada vez llegaba más y más gente. No había salida, salvo volver sobre sus pasos y buscar las gateras, con la amenaza de los toros llegando y yendo a contracorriente de los que seguína llegando. Y llegaron los toro y los cabestros, y la situación se hacía angustiosa. Mucha gente atrapada, algunos con los cuernos de los toros en su cara, con la respiración de los morlacos en su cabeza, otros axfixiándose, aplastados por la multitud. Los segundos se hacían eternos, aunque afortunadamente a los de Fuente Ymbro no les dio por embestir. Finalmente se pudo hacer un hueco en la puerta que se había quedado abierta, y lo que causó la tragedia se convirtió en la solución. Los toros se marcharon por el callejón, siendo forzados a salir a la arena gracias a la apertura de otra puerta. Y los toros se fueron directos a los corrales, haciendo que la duración del enciero fuera de 4 eternos minutos y 15 interminables segundos. Fue entonces cuandos e puro liberar el montón y trasladar a los heridos a la enfermería. Había varios con muy mala pinta, insconcientes y con la cara amoratada. Fue terrible. Decenas de zapatillas quedaron sobre la arena, lloros, angustia… El saldo final fue de 25 heridos, 21 de ellos relacionados con el motón. El más grave es un chico de Vitoria de 19 años, Jon, que continúa en pronostico muy grave.

Es una suerte que la Plaza de Toros tenga una excelente enfermería y un equipo médico de primera, si no la tragedia podía haber sido mayor.

Yo estaba haciendo fotos en Estafeta y todo parecía ir bien como os he dicho , hasta que escuché un grito desgarrador por la radio: “¡montón en la Plaza!” Entré corriedo al piso donde estaba para verlo en la tele, y cuando ví las imágenes de TVE con el enorme tapón, cuando los toros aún ni habían llegado, se me saltaron las lágrimas.

Lo más peligroso del encierro ya no son los toros, es la multitud y tenemos que empezar a tomar nota o si no algún día habrá que lamentar una desgracia aún mayor. Hay que estar más atento los fines de semana y empezar a pensar algo con toda esa gente que lo único que hace es entorpecer la carrera.

Ayer fue un día duro de trabajo. Muchas fotos que editar de mis compañeros que estaban en la Plaza, llamadas de teléfono para tratar de conseguir más que había que ir a buscar, verlas… Un trabajo excepcional de todo el equipo de fotografía del Diario de Navarra, en especial de mi querido J.C. Cordovilla, y del equipo de redacción. Acabé agotado, y ha quedado un periódico brutal, con una foto a 10 columnas a doble plana con un titular claro “Asfixia”. Y que conste que no hay fotos mías. Sigo diciendo que es un orgullo y un placer trabajar en Diario de Navarra durante San Fermín.

Diculpad que haya abandonado un poco este blog, pero la actualidad manda, y ayer viví en encierro más trágico desde que empecé a hacer fotos para Diario De Navarra. Espero que todos los heridos se recuperen bien y pronto.

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