El día de los niños y las ocho menos cinco de la mañana

Escrito el Miércoles, 9 de julio de 2003 a las 10:24 am

Niños

El Rincón de la Aduana estaba más lleno que nunca de niños, y también de padres y abuelos. Y es que hoy era el día dedicado a los más pequeños con la tradicional ofrenda de flores a San Fermín. El santo ha recibido miles de besos y ramos de flores y, a pesar de la calurosa mañana y la larga espera, todos los niños han podido tocarle. Algunos con timidez, otros con alegría y muchos sin ser aún del todo conscientes de que empieza a crecer dentro de ellos su admiración y devoción por el santo morenico. Casi dos horas se ha alargado la ofrenda de flores.

La espera del encierro también es larga. Hasta dos horas antes van los fotógrafos para coger sitio en la curva de Mercaderes. Poco menos aguardan los mozos para poder entrar en el recorrido y correr luego delante de los toros. Los minutos se pasan como se puede, charlando con los amigos, leyendo el periódico, tomando un café que siempre sale de no se sabe dónde… Hasta que llegan las ocho menos cinco de la mañana. Para esa hora todos han mirado el reloj más de veinte veces, pero las 7:55 es un punto de no retorno. La Policía Municipal desaloja a los últimos “patas” que no están en condiciones de correr, o llevan cámaras, mochilas… Los corredores de siempre comienzan a calentar dando saltos con con pequeñas carreras. En Santo Domingo se escucha el primero de los cánticos, “a San Fermín pedimos…”. Los mozos aplauden en la plaza consistorial como tratando de descargar adrenalina. Los fotógrafos miden de nuevo la luz y comprueban las cámaras. Los chicos de la cruz roja se colocan en sus postes y revisan una vez más el equipo. Los carpinteros ajustan de nuevo el cerrojo de la puerta de la curva de Mercaderes. “Rastrojo”, pastor del encierro, hace estiramientos. Los locutores de radio hacen una última ronda por todo el recorrido del encierro conectando con los compañeros que están repartidos por todo el recorrido en vallados y balcones. La plaza de toros, casi llena, hace la ola. Julen Madina sale a la Estafeta desde un portal, privilegio de ser un divino, quizás “el divino”. Joe Distler, americano con más de 35 años de encierros a sus espaldas, comenzará a correr despacio por Mercaderes, imaginando la próxima carrera. El reloj parece que no avanza, que sigue marcando menos cinco. Así lo ve el encargado de tirar el cohete que da comienzo al encierro, que vuelve y vuelve a mirar el reloj. Y yo tengo un nudo en el estómago.

Y llegan las 8 de la mañana. Un cohete sube al cielo y explota. Comienza otro encierro…

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