Correr peligro, correr el encierro

Escrito el Martes, 8 de julio de 2014 a las 10:25 am

Procesión 2014

Ayer se celebró el primer encierro con los toros de la ganadería de Torrestrella, que aunque dieron muchos sustos sólo se cobraron una cogida en la Cuesta de Santo Domingo, para no faltar a su fama de peligrosos. Dos minutos y 25 segundos, rápido, a pesar de que los toros se cayeron durante el recorrido.

Desde mi privilegiada posición en un balconcillo de la Plaza de Toros, sobre la bajada al callejón, pude constatar lo que ya sabemos desde hace años: que el encierro realmente lo corren cuatro, y que sobra mucha gente, sobre todo guiris. Después de que los morlacos circularan por debajo de donde me encontraba y entraran en la Plaza, pasaron varios minutos en los que seguía pasando más y más gente. El noventa por ciento de ellos extranjeros, que quieren entrar a la Plaza para las vaquillas y han visto el encierro pegados a la pared. La proporción entre “corredores reales” y “turistas” puede ser de uno a cinco o incluso más. Delante de los toros, cuatro, los de siempre, los corredores habituales a los que ya conocemos por sus nombres y apellidos. Detrás de los toros, cientos de guiris, que no saben ni donde están, ni el peligro que corren, y que han estado en el encierro pegados a la pared como mal menor, o citando y tocando a los toros en otros casos.

Ayer una “presunta corredora” extranjera se quedó parada junto al vallado debajo donde yo estaba, no sabía que hacer y los toros le pasaban rozando, y los corredores que venían apurados se la encontraban de frente, empujándola contra el vallado, donde una mano amiga de la Cruz Roja trataba de protegerla. Seguro que aún hoy no es consciente del peligro que ha corrido. Corrió peligro, no corrió el encierro.

Encierro Pamplona

Cambiando de tercio, la procesión fue como siempre emocionante y multitudinaria. De nuevo tuve la suerte de verla en un lugar privilegiado el la Plaza del Consejo, donde le cantan al Santo esa jotica que pone los pelos de punta, aunque seas guiri. Al final del recorrido de la procesión y ya sin la presencia del Santo, la Corporación Municipal tuvo que ser defendida por la Policía ante los intentos de agresión de cuatro gatos (igual eran 100, pero no más). Esto también es desgraciadamente habitual, y a mí al menos me sigue molestando, creo que hay otros cauces y otros momentos para mostrar el apoyo o la crítica a unos a otros, pero no en la procesión.

Para cerrar el día estuve en el encierrillo, el traslado de los toros que corren en el encierro de la mañana siguiente desde los Corrales del Gas, hasta los corralillos de la Cuesta de Santo Domingo, donde pasan la noche. Aquí no corre nadie, sólo los toros, los mansos y los pastores, y aunque se junta mucha gente para verlo, se hace en silencio, solo roto por el ruido de los cascos de los morlacos contra el asfalto, y los cencerros de los cabestros.

Y luego a ver los fuegos artificiales con mi sobri, esto es un no parar. Mañana más.

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