“Cebadagagos” express

Escrito el Sábado, 9 de julio de 2005 a las 7:01 am

encierro Cebada Gago

La ganadería de Cebada Gago se redimió ayer en Pamplona con un encierro vertiginoso. Apenas dos minutos y medio tardaron los seis morlacos en completar el recorrido. Carreras bonitas, Julen en apuros, y algunos sustos más. 2-0. Dos encierros, ningún herido por asta de toro. Se ve que este año San Fermín hace horas extras, y menos mal, porque los “cebaditas” tenían unos cuernos como para coser un traje. Y que siga así. Por la tarde, en la corrida, los toros fueron aplaudidos en el arrastre. Así que como dice Koldo Larrea del Diario de Navarra ahora habrá que quitarle el diminutivo y llamarlos “señores cebadas”.

Ayer por fin mi primer “vermú”: dícese de la sana costumbre de salir a eso de la una del mediodía a tomar unos potes, unos vinos, unas cañitas y algún que otro fritico. No todo junto, cada uno lo que más le guste claro. Empezamos, como es tradición, en el Gazteluleku, sociedad gastronómica situada en la Plaza del Castillo donde tomamos el tradicional sorbete de limón. Y es que los navarros somos gente de tradiciones, y lo que se repite dos años seguidos se convierte ya casi en un hito obligado. Y luego seguimos de bar en bar, bebiendo y comiendo algún frito, porque pinchos-pinchos, los que suele haber en Pamplona durante todo el año con un aire a los Donostiarras o incluso mejores no hay, al menos en el casco viejo. Así que croquetas, fritos de huevo, roquefort, pimiento… Exigen menos trabajo y se gana el mismo dinero, y como la clientela está asegurada, a freir pimientos la gastronomía.

Poco más os cuento hoy, que mañana (bueno luego, dentro de un rato) tengo que ir a la curva de mercaderes para hacer fotos del encierro, así que toca super-madrugón. ¡Ah! Y que este año sí he conocido a Dennis Rodman, el que fuera jugador de la NBA. Viene de nuevo patrocinado por un casino on-line, y en persona no parece tan alto, aunque desde luego acojona.

Se empieza a notar el gentío, la marabunta que vendrá el fin de semana, y hemos vaciado Madrid y otras ciudades de mimos y artistas callejeros.

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