25 años no son nada

Escrito el jueves, 6 de julio de 2017 a las 7:42 am

Hace 25 años un jovencito Jonan Basterra recién salido de la facultad se incorporaba a Diario de Navarra como fotógrafo. A las pocas semanas empezaban los Sanfermines. Un par de años más tarde dejé la que fue mi primera casa profesional con rumbo a una cosa, por entonces nueva, llamada Internet, lo que me llevó incluso a dejar Pamplona para irme a vivir a Madrid. Sin embargo, en todos estos años, estuviera donde estuviera trabajando, he dedicado parte de mis vacaciones a venir a Pamplona para hacer fotos en San Fermín, en el mismo diario donde publiqué mis primeras fotos.

Podríamos decir siguiendo el tópico que parece que fue ayer, pero en estos 25 años han pasado muchas cosas. En 25 años hemos pasado del blanco y negro al color, de las copias en papel a los archivos digitales, de la tensión del carrete de 36 a el buffer casi inagotable, de la incógnita del revelado a la confirmación inmediata de haber conseguido la foto, del oscuro laboratorio a la luz de las pantallas de LED. El proceso era distinto, sí, pero el trabajo es el mismo. La única diferencia es que el proceso llevaba antes gran parte del tiempo de trabajo.

En estos 25 años he visto de todo, ha habido buenos y malos momentos. El tiempo pasa y las personas se van. El corazón me pide recordar primero en estas líneas a mis padres. Hace unos años perdí a mi madre, y este año se fue mi padre. Aún recuerdo cuando mi madre me acompañaba a la puerta cada mañana de madrugada cuando iba rumbo al encierro sólo para decirme “¡ten cuidadico!”. Cuando volvía me decía: “te he visto en la tele”. Y no fallaba. Hay amigos que me dicen también cada día que me han visto… en sitios donde no estaba… pero mi madre nunca fallaba. “¡Que fotos más bonitas han salido hoy tuyas en el periódico!” me decía cuando volvía a casa, a veces sólo para comer algo rápido o cambiarme de ropa. La echo mucho de menos. Recuerdo cuando yo aparecía en casa para comer, a veces a horas extrañas, y me decía “¿qué quieres comer?”, y comenzaba a recitar una lista de cosas que ni en el mejor restaurante. Aquel ajoarriero, aquel bonito con tomate, el redondo en salsa… y las albóndigas, ¡ay las albóndigas de mi madre! Mi padre era más socarrón. Me decía “hoy no he visto fotos tuyas en el Diario”. Lo hacía de broma, porque luego presumía de hijo con todo el mundo. Recuerdo cuando me llevó al mi primer Chupinazo. Yo tendría unos 8 años, y nos quedamos en las escaleras que bajan desde la Calle Mayor a Santo Domingo. No nos atrevíamos a meternos más adentro. Aunque después del primer cohete, mi padre se asomó a la plaza, y volvió escopeteado entre chorros de champagne.

En 25 años también se fueron algunos colegas de profesión como Koldo Chamorro, Chema Pérez o Javier Retegui. Con Javier fue con quien más trato tuve y de quien más aprendí, siempre socarrón desde detrás del mostrador de su minúscula tienda en Espoz y Mina. Entre los compañeros le llamábamos el CESID, y es que si había una foto de una cornada en el encierro que nadie tuviera, le llamabas y él la tenía. Casualmente siempre alguien de su equipo estaba allí.

Siguiendo con el encierro en estos 25 años ha habido tres muertos en los encierros: Mattew Peter Tassio (1995), Fermín Etxeberría (2003) y Daniel Jimeno (2009). Obviamente no son fechas que recuerde con agrado. El peor encierro que recuerdo fue el del montón del 13 de julio de 2013, y eso que a mi me tocó bastante lejos de la plaza. Las primeras imágenes de la televisión eran terribles, y luego estuve procesando fotos más de 4 horas, fotos de un dramatismo tremendo, aunque luego afortunadamente no hubo que lamentar ninguna tragedia.

Del encierro tengo batallitas para aburrir. Una vez me fui al suelo en la curva de Mercaderes, tras el impacto masivo de seis Miuras. Nunca sabré si fui agarrado por mi amigo Iván Benítez o en mi ánimo de socorrerle. Otra vez, en la curva de Telefónica, un Miura encelado con un mozo vino a colocarse justo debajo de mi poste. En la rabia de no haber podido enganchar al mozo, el morlaco cabeceó violentamente hacia un lado. Yo seguía mirando por el visor de la cámara empeñado en poder hacer alguna foto aunque a esa distancia sólo podía ver el culo del toro. Cuando se fue, una imagen extraña me rondaba la cabeza. Confeti. En mi retina se habían quedado grabadas unas partículas en suspensión, que no acertaba a entender, hasta que al bajar del vallado lo entendí todo. El cabeceo del toro había provocado que su asta rozara el vallado, levantando astillas, justo a unos pocos centímetros de mi tobillo. La foto del “heroico” fotógrafo casi se convierte en imagen de portada aquel día, aunque afortunadamente apareció una mejor, y mi inconsciencia quedó ilesa.

En 25 años me he asado de calor, pasado frío, me he empapado hasta las lentillas… Ha habido años buenos, regulares y algunos malos, como el 1997 en el que las fiestas coincidieron con el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Recuerdo los años de Induráin, del año que España ganó el Mundial de Fútbol…

A la memoria me vienen muchas sensaciones, formas, colores, sabores… El estallido del Chupinazo, el 6 de julio en rojo, la procesión en blanco y rojo, “es la jota de mi Navarra la que hoy te canta”, la madera del vallado, el frío sorbete del Gazteluleku, las dianas, el olor a toro en el suelo de la curva de Mercaderes, el chasquido de la vara de los pastores del encierro, el olorcillo a chistorra del Apartado, la música en la Plaza del Castillo, el sol en Sol, el champagne en Sombra, los fuegos artificiales en la Vuelta del Castillo, las coñas de Nagore, la puerta de toriles al abrirse, el olor del toro de fuego, la cocina del Chanclazo, el olor a orines en muchos sitios, los churros de la Mañueta, el Estruendo de Iruña, los vergazos de los zaldikos, los almuerzos, el gintonic con pomelo, el vermú, los gaiteros, “No hay Tregua” en Sol, ser abanicado por los ropajes de los gigantes, las esquilas de los cabestros, la luz de las velas… el Pobre de Mí.

En este aniversario hay alguien especial, un compañero de fatigas. Siempre juntos en los buenos y los malos momentos: José Carlos Cordovilla, Tuca para los amigos. Empezamos juntos. Nos dábamos unas palizas tremendas en los primeros años, porque cuando no había nada que hacer, nos íbamos por ahí a buscar fotos. Tuca se quedó en el periódico, yo me fui. Pero cada año volvemos a coincidir en estas fechas. Desde hace ya unos cuantos años dirige la sección de fotografía del Diario de Navarra, cuando nuestro sensei Jorge Nagore se jubiló. Queríamos haber hecho algo especial por este aniversario (una exposición), pero el tiempo se nos echó encima, espero que el año que viene podamos hacerlo. Tuca es además de un gran profesional, una gran persona, casi un hermano para mí, y juntos hemos vivido grandes momentos y otros no tanto. El otro día pensando me di cuenta de una cosa, nunca he discutido con él, y eso incluso trabajando juntos en días de mucha tensión. Celebraremos este aniversario, e iremos a por los 30. Gracias Tuca por todo.

Este año empiezo también mis crónicas con el blog roto, cosas que pasan. A ver si lo puedo arreglar pronto. Gracias Marcos por tu ayuda.

Comienzan los Sanfermines de 2017 ¿sobreviviré?

(Nota la foto es de 1997, y en ella están la que ha sido mi familia profesional estos 25 años: Jorge Nagore, Eduardo Buxens, Jose Antonio Goñi, Iván Benítez, un servidor y Tuca. Y sí estamos todos igual de guapos 😉

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